La cena, con reserva.
Para mí, es importante reservar en los restaurantes porque pocas veces te dejan improvisar, salvo en los que son “walk in”.
Por más que vayas a las 20:00 y haya mesas vacías, ya están organizados de una manera que cierran cocina cuando cenaron todos los que sí tenían.
Los horarios se chequean.
Me encontré con locales que arrancaban tarde y cerraban temprano. Antes de salir, yo miraría horarios, días de cierre y entradas en la web oficial de cada lugar.
La Card, con calculadora.
Yo haría un cálculo de lo que vas a visitar y cuánto transporte vas a usar. Cuando viajé, la tarjeta más completa incluía 88 atracciones, metro y tren. La tenés que activar cuando llegás a la ciudad, antes no, porque se van descontando las horas
Ver Copenhagen Card ↗Solcito: corré afuera.
Con un día lindo, yo me voy a La Banchina. Con lluvia, recorrido de diseño y localcitos. Así pienso las actividades: el sol es determinante en esta ciudad, cambia muchísimo. Y si está lindo, hay toda afuera. Si te llueve siempre, tranqui: comer y comprar no se le niega a nadie. Menos en Copenhague.
El barco, según el día.
Usé Hey Captain desde Ofelia. Mi reserva no permitía cambiar por lluvia, así que yo miraría el pronóstico y las condiciones vigentes antes de pagar.
Valijas, aeropuerto y 7-Eleven
Cuando llegás, podés ir a tu hotel en metro, es muy claro.
Pero cuando me fui del hotel al aeropuerto, como tenía más equipaje, organicé de antemano el traslado porque a la mañana es muy difícil conseguir un Uber.
También es bueno saber que es una ciudad con 7-Eleven abiertos las 24 horas por todas partes. Muchas veces te salva.
Ciudad nenes friendly
No fue mi plan, pero sí observé que es una ciudad muy preparada para chicos. Vi muchos papás y mamás con sus bebés y muchos lugares con sectores pensados para ellos. Por ejemplo, Louisiana Museum tiene un ala con actividades. Las licencias y los beneficios para las familias acompañan mucho y eso se nota en todos lados.